El castillo de Javier se eleva sobre la tierra de Navarra, rodeado de un paisaje envidiable. No podemos llamarlo hogar de San Francisco de Javier, pues él mismo decidió abandonarlo, pese a su riqueza, y dedicar su hogar a las personas que no conocían a Dios. Pero sí que fue el lugar donde nació.
Tras pasar el puente, la muralla y diferentes arcos del castillo se levantan unas escaleras que conducen al interior del castillo, hoy convertido en museo. A la derecha de la entrada, una verja custodia un Cristo crucificado del siglo XIII. Es una talla en madera de nogal, que al fondo de una pequeña capilla, parece sonreír desde la cruz.
No se sabe si era intención del autor de la obra, pero efectivamente, Jesús, con los brazos abiertos clavados en la madera, parece abrazar con una leve sonrisa a los peregrinos que le visitan. Muchos no lo saben, pero la leyenda en torno a esta imagen se hace todavía más interesante cuando conoces que la talla sudó sangre en el siglo XVI.